miércoles, 9 de octubre de 2013

Lo que pensamos y lo que decimos


   Nuestro vocabulario esta intimamente vinculado con nuestros pensamientos. Debemos ser conscientes de que cada vez que pensamos y confesamos algo estamos creando nuestro presente y nuestro futuro. Lo que declaramos se hace realidad en nuestra vida. Si formulamos frases negativas y las repetimos una y otra vez seguramente nos va a ir mal. Hay gente que vive quejándose y luego también se queja de que todo le vaya mal. Cada cosa que vivimos depende de lo que pensamos y decimos. No existe nada que suceda por casualidad; todo lo que nos ocurre está reflejando alguna pauta de pensamiento que albergamos en nuestra mente. En su libro Yo declaro, 31 promesas para proclamar sobre su vida, Joel Osteen dice  que las palabras que decimos determinan el modo en que vivimos. Y esto es verdad, no hay manera de mejorar nuestra condición de vida si seguimos con la mala costumbre de pensar en problemas y catástrofes. Nuestra vida mejorará si pensamos en lo bueno y en soluciones.


   Todo lo que elegimos creer y pensar eso se manifestará en nuestra conducta. Podemos crear un presente y un futuro lleno de felicidad si cultivamos pensamientos de paz, armonía y agradecimiento. Dicen los psicólogos que lo que aprendimos en los primero siete años de vida lo repetimos incansablemente a lo largo de nuestro ciclo vital. Quizá durante nuestros primeros años de vida hemos aprendido a pensar en negativo. Esto no es inmutable, de hecho podemos cambiarlo. Nuestra función como adultos es cambiar aquello negativo que hemos aprendido por hábitos positivos. Solamente con la práctica constante de los hábitos positivos y las confesiones positivas podemos mejorar considerablemente nuestra calidad de vida. Todo lo que nos sucede por fuera, en nuestro entorno, nuestra familia y amistades refleja lo que nos está ocurriendo por dentro. Nuestras creencias, pensamientos y confesiones configuran nuestra realidad.
   Algunas personas necesidad atravesar momentos de sufrimiento para darse cuenta del valor que tienen sus pensamientos. Si están enfermos ahí se dan cuenta del valor de su salud. A gente fumadora les he preguntado: ¿Sabías que el cigarrillo produce cáncer? Y la mayoría me dijeron: “Julio, de algo hay que morir”. Entonces cuando se están muriendo por asfixia se dan cuenta que el cigarrillo hace mal, pero es demasiado tarde. El fumador piensa erróneamente que de algo hay que morir y definitivamente muere. No lo mata el cigarrillo, lo mata su mentalidad. Debemos pensar en lo bueno, en lo que nos hace bien, en lo que nos hace crecer. Las personas y todo lo que nos limita tiene que desaparecer de nuestra vida. Consideremos a aquellas personas que buscan nuestro bien y nos hacen crecer. Recordemos que nuestros pensamientos reflejarán nuestro porvenir.


Julio césar cháves  www.juliochaves.blogspot.com
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