sábado, 24 de diciembre de 2011

Teleadictos

La principal adicción es la televisión. En este país y en todo el mundo, la televisión es más adictiva que la cocaína y la marihuana. Lo negativo es que la televisión le está lavando el cerebro a la gente. La TV es el gurú de los hogares. Antaño la gente en el almuerzo charlaba. Ahora lo único importante es adorar al ídolo moderno. Antaño los padres charlaban con sus hijos de todos los temas, incluso de sexualidad, mientras que ahora los jóvenes y los niños, se agolpan en derredor del televisor para mirar asesinatos, muertes, violaciones, engaños, maltratos.

Ramón J. Sender, escritor español, expresó: “La televisión es una hija del cine que le salido disipada y de malas costumbres”. En la actualidad, en tanto los padres de familias miran lo que dice el suplemento deportivo del diario clarín, los hijos son educados por la TV. A través de la televisión entran a nuestra casa personas que están en contra de los valores cristianos. Estos invasores enseñan que hay que ser rebelde, ateo, e individualista. El Dr. Jhon Hagge dijo: “El televisor es un cáncer intelectual que se ríe de nosotros en la cara, se burla de los valores y de la fe”. Lo que nos comunica la televisión no es realidad, es un invento de los productores, corregidos por los editores. El poder de Dios ha sido sustituido por el poder de esta caja inteligente. La televisión genera escándalos, anarquía, sexismo, y lucha feroz por el dinero y el poder. A través de este pulpito del diablo los periodistas del espectáculo cuentan, sin pelos en la lengua, los inconfesables secretos de la farándula, la política y el deporte. Es así como ciertas personas, con ideologías totalmente despiadadas, se infiltran en los hogares y educan a los jóvenes y a los niños, con conceptos totalmente anticristianos. El Dr. Francis A. Schaeffer en su ensayo “La iglesia al final del siglo XX”, cuenta: “Estaba hablando en una conferencia y algunas personas tuvieron la amabilidad de ofrecerme una habitación para que descansara. Mi hijo Francis y yo subimos a la habitación y él conectó el televisor. Mientras esperaba mi próximo turno de intervención me puse al leer las noticias sobre la guerra de Vietnam. En la televisión estaban dando una película de guerra. Sin darme cuenta de lo que estaba ocurriendo seguí leyendo sobre el Vietnam y por el rabillo del ojo veía el programa. Y entonces me di cuenta de lo que estaba viendo en el televisor, que era pura fantasía, ejercía sobre mí un impacto más poderoso que la guerra verdadera presentada en el periódico, en las que las personas estaban muriendo de verdad. Cuando los programas de televisión están bien preparados, esta fuerza de la visión es utilizada como una forma absoluta de manipulación”.

La televisión ejerce influencia sobre nosotros aunque no lo admitamos. Nos vende una realidad artificial, inventada. Es un gurú mágico que por medio del zapping nos encanta como los encantadores de serpientes de la India usan la música de sus flautas para dominar a los ofidios. La televisión controla a las masas. Les dice como tienen que vestirse, como tienen que peinarse y como tienen que hablar, y lo lamentable es que todos lo hacen. La pantalla pequeña es la feria donde los estúpidos compran las ideologías estúpidas que los productores venden. A este respecto, el escritor italiano Umberto Eco reflexionó: “La televisión se nos aparece como algo semejante a la energía nuclear. Ambas pueden sólo canalizarse a base de claras decisiones culturales y morales”.

julio cháves

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