viernes, 16 de septiembre de 2011

Lo extraordinario de la simplicidad

“Frente a mi casa hay un árbol. Durante veinte años sucesivos he entrado y salido y pasado delante de él. Nunca lo vi. Un día, antes de entrar, mientras buscaba las llaves, lo contemplé. –No sabía que había un árbol frente de mi casa- me dije azorado. Me acerqué a él, lo toqué, lo miré, lo admiré. Mi encuentro con ese árbol me había sensibilizado. No era un árbol más. Brotaba de ese encuentro. Sentí en mi interior como un vuelco, como una alegría. ¡Tenía un árbol frente a mi casa y no lo sabía”, escribió el Dr. Jaime Barylko en su ensayo El aprendizaje de la libertad.

¡Veinte años tardo el autor de este fragmento en darse cuenta de la existencia del árbol en la vereda de su casa! A nosotros muchas veces nos pasa lo mismo con las cosas que nos rodean, no vemos las cosas simples. Con frecuencia nos olvidamos de que lo extraordinario se encuentra en las pequeñas cosas, en la simplicidad. Transcurren los años y no valoramos a las personas y las cosas que nos rodean. Nos olvidamos que las puertas grandes giran sobre bisagras pequeñas. Nos olvidamos que las cosas simples son las más importantes. Lo sublime reside en lo simple, en lo cotidiano. Nos pasa esto porque nuestra sensibilidad esta dormida, nuestros ojos no ven porque les falta la luz del interés y la curiosidad. Por esto, debemos despertar, abrir los ojos, hay que darnos cuenta que estamos rodeados por personas y cosas maravillosas.


Como dije, las cosas simples son extraordinarias. La belleza se encuentra en todo. ¡Hay tanta belleza en el mundo! Dos personas abrazándose. Los consejos de un padre. Un niño que encuentra el pecho de su madre. Niños que son comprendidos. Un anciano que sigue amando a su esposa después de cincuenta años de casados. El esfuerzo de un padre por darle de comer a sus niños aunque tenga que sacrificar su dignidad. Una madre soltera que pese a ser abandonada sigue cuidando a su hijo aunque tenga que renunciar a intereses personales. Una mariposa que nos muestra sus colores. Un pájaro que canta detrás de la ventana. Todo es extraordinario. Hay que prestar atención. Las cosas sencillas constituyen la vida. Y notar la presencia de lo extraordinario es responsabilidad de cada uno.
Las cosas sencillas nos rodean y son sublimes. En tanto muchos se afanan y compiten con otros por dinero, poder, prestigio y toda una serie de cosas que aunque parecen importantes no lo son, nosotros debemos darnos cuenta que el tiempo pasa y que estamos rodeados de cosas importantes y no son precisamente aquellas que pensamos que tienen importancia. La vida es generosa y quiere regalarnos su belleza cotidiana. Las que verdaderamente tienen valor duran muy poco. Por esto debemos aprovecharlas. Cada instante es importante. Hay que ganar momentos, alegrías, relaciones con buenas personas, buenos amigos.

julio cèsar chàves
escritor78@yahoo.com.ar
www.juliochaves.blogspot.com
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