martes, 5 de abril de 2011

Adultos por fuera, niños por dentro

No quieren asumir los años que tienen. Son adultos, pero por fuera, por dentro son niños. Este tipo de individuos sufren sociológicamente de un mal llamado Síndrome de Peter Pam, que consiste en negarse a convertirse en adulto. Al igual que Peter Pam, el personaje literario inmortalizado por Walt Disney, se niegan a convertirse en adultos, viviendo eternamente en el país del nunca jamás, rehusando y rechazando las responsabilidades que caracterizan al hombre adulto. Peter Pam no es únicamente un personaje literario o de un film de Disney, Peter Pam habita el siglo XXI. Este personaje esta representado por aquellas personas que no quieren aceptar el paso del tiempo y rehúsan ser adultos con todas las de la ley.
En su ensayo El Síndrome de Peter Pam, el Dr. Dan Kiley aborda el tema de esta anomalía socio psicológica y dice que no es una amenaza para la salud física pero si pone el peligro la salud mental del individuo. Ser víctima de este síndrome es un obstáculo que nos impide ser plenamente maduros. Este psicólogo ha estudiado a los portadores del Síndrome de Peter Pam, procurando encontrarle un sentido menos complicado y descubrir causas y efectos de prototipo de personalidad urbana. Entregados a un estilo de vida impetuoso, el narcisismo los confisca dentro de sí mismos, haciendo lo que quieren y desean conforme a sus delirios infantiles. No pueden ni quieren adecuarse a la realidad de acuerdo a la edad que tienen. Sus berrinches temperamentales se disimulan como afirmaciones viriles. Fingen, muchas veces o casi siempre, que son adultos pero su conducta es como la de niños malcriados. La evasión es la filosofía del Peter Pam del Siglo XXI. Se oculta detrás de una superficial máscara de madurez, pero escapa de la realidad. Lo único que le importa es el ocio y la falta de preocupaciones. No quieren sufrir pero a su vez hacen sufrir a los demás al no comprometerse con los semejantes. Discuten y defienden sus puntos de vista con relámpagos de cólera y después se arrepienten con sostenida obsesión. Son en ocasiones machos despiadados con el objeto de aumentar su valía. Ansían estar con el sexo opuesto pero niegan mostrarse afectuosos y cariñosos por temor a ser tildados sentimentales, vulnerables, débiles y poco viriles. La persistente evasión, que nace del rechazo a la edad que tienen en realidad, hace que se aíslen, y que cada vez les sea más y más difícil instalarse en la realidad cotidiana de un modo coherente, responsable y pertinente. El Peter Pam de este siglo sabe divertirse sin responsabilidad, confundiendo la diversión con la alegría, el hedonismo con el amor, la adquisición de bienes materiales con la felicidad. El Peter Pam de esta época no acepta críticas ni sugerencias, simplemente es el mismo de un modo inmaduro, desligado totalmente de los demás. Debido a su actitud hipoteca su vida. Respecto a abordar los años que tenemos con plena responsabilidad de nuestros actos, el Dr. Enrique Rojas, profesor de Psiquiatría en la Universidad Complutense de Madrid, señala que para ser plenamente conscientes de nuestro diario vivir debemos tener en cuenta varias cosas como son: “Tener un conocimiento personal de nosotros mismos: “Conócete a ti mismo”. Tener una visión global de la vida. Tener una panorámica de la propia biografía. En la didáctica de la vida, E. Rojas, muestra a la vida como educadora del hombre, claro está, vivir es ir aprendiendo. No hay nada más enriquecedor para un joven que mantener una conversación con una persona veterana. Ellos, que ya han vivido mucho más que nosotros podemos servirnos de guía y aconsejarnos sobre cualquier cosa, siempre ellos nos propondrán el camino correcto”. El Psiquiatra Enrique Rojas nos señala el camino de la responsabilidad y el ser consciente de la creación de la propia biografía. Finalmente en su ensayo Una teoría de la felicidad, nos dice: “La felicidad consiste en estar en paz con uno mismo y con los demás. La coherencia es el puente levadizo que nos lleva hacia el castillo de la felicidad. Hay que aspirar a una felicidad razonable, realista, sin utopía, la cual se alcanza sacándole a la propia existencia el máximo jugo posible. La felicidad no es el pájaro en mano, sino los cientos volando que van de aquí para allá”. Julio César Cháves


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