lunes, 21 de marzo de 2011

La influencia de la mente y las creencias sobre la salud

Los pensamientos, las creencias, las ideas, las expectativas, las emociones y sentimientos, influencian nuestra condición física. Lo que pensamos y lo que creemos tiene efectos positivos como negativos sobre nuestra salud. Recientes investigaciones evidencian incuestionables interacciones entre mente- cerebro- cuerpo a nivel molecular y celular que pueden inferir sobre la salud y la calidad de vida de la gente. Hipócrates decía que es más significativo conocer al paciente que tiene una enfermedad que conocer la enfermedad que posee el paciente. En efecto, la medicina clásica recomienda enfocarse en el paciente, considerándolo como un individuo único e irrepetible. Otro grande de la medicina, Galeno de Pérgamo, observó hace más de 1800 años que la mayoría de las personas que lo consultaban no tenían ningún mal físico.
Recientemente, en un estudio realizado en la Academia Americana de Medicina se analizaron mil consultas a médicos clínicos y se informó que sólo un 16 % de esas personas tenía algún problema físico objetivable. La gente no concurre al médico sólo por dolencias físicas. En realidad, quieren que les presten atención, quieren ser escuchados y que los comprendan en algún sufrimiento que pocas veces tiene que ver con algo objetivo del cuerpo. La actitud mental de la persona tiene mucho que ver con su situación ante la enfermedad o la muerte. Cuatro siglos antes de Cristo el cronista griego Tucídides observaba que la cosa más terrible es la desolación en la que cae la gente cuando se da cuenta que contrajo una enfermedad ya que en esas circunstancias adopta una actitud desesperada y pierde el poder de resistencia.
Con optimismo podemos luchar contra la enfermedad y somos pesimistas posiblemente las enfermedades controlarán nuestras salud y hasta la muerte podrá alcanzarnos. Y eso es porque lo que creemos, lo que pensamos y sentimos, influye vigorosamente sobre nuestra condición física, como para aumentar o disminuir nuestros recursos biológicos defensivos y con ellos nuestras posibilidades de salud o enfermedad. Estudios realizados durante la última década expusieron estadísticamente que cuanto mayor es la educación e instrucción alcanzada por el paciente, menor es su índice de mortalidad. Incluso la existencia de creencias religiosas ha significado importantes reducciones en porcentajes de complicaciones o muertes en pacientes sometidos a cirugías cardiovasculares.
Esto evidencia una vez más el poder de la mente. Como dije al principio, las creencias, los efectos producidos por la idea de que Dios me ama, el sostén de los vínculos, son todas fuerzas poderosas en el momento de lidiar contra la enfermedad porque aumentan la seguridad y la autoestima. Es conocida la influencia del estrés sobre la salud y la enfermedad. En investigaciones realizadas con estudiantes de medicina sometidos al referido estrés durante sus períodos de exámenes, se estudió su sistema defensivo inmunitario y se concluyó que durante ese curso este sistema se deprime y consecuentemente se incrementa la posibilidad de contraer enfermedades. De todo lo expuesto líneas arriba surge la conclusión que el poder y la influencia de la mente sobre el cuerpo ante la salud, la enfermedad y la muerte, es algo absoluto que está fuera de discusión. El poder de la mente es ilimitado. Dios le ha atribuido un significativo poder a nuestros pensamientos. Lo que pensamos determina nuestro porvenir. Lo que pensamos condiciona nuestra salud mental y física. Somos lo que pensamos.

Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar www.juliochaves.blogspot.com
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