viernes, 4 de febrero de 2011

Derribaré a mis enemigos

Goliat era grande y David era pequeño, pero David tenía un Dios gigante. Goliat pensaba que su tamaño intimidaría a David, pero David no tuvo miedo jamás porque él sabía que Dios estaba con él y le daría la sabiduría para derribar a este gigante. David era un joven que aceptaba desafíos, confiaba en sí mismo. Él sabía que si Dios le había dado las fuerzas para matar a animales que pretendían asesinar las abejas que el cuidaba, de la misma forma él confió en que Dios podía darle la capacidad de derribar a Goliat y cortarle la cabeza.
De muy chico David fue rechazado por sus padres y sus hermanos, pero Dios conocía el corazón de David. Su familia no lo tuvo en cuenta, pero Dios contaba con él. Si David le hubiera echo caso a su familia jamás hubiese logrado vencer a su gigante. Lo despreciaron, se burlaron de él, lo insultaron, lo despreciaron y descalificaron, pero Dios lo validó como ser humano. Y como si fuese poco que su familia lo rechazará, Goliat también lo rechazó y maldijo. Pero David sabía quien era en Dios. Muchas personas nos descalifican, pero nosotros tenemos que aprender de David. Tenemos que creer en nosotros mismos porque si Dios cree en nosotros no tenemos porque temer. Para el que cree todo es posible. Si confiamos en nuestro Dios iremos al campo de batalla y saldremos victoriosos.
Lo que aprendemos de David es que él se motivo porque había un premio, un botín para el que venciera al gigante. David peleo una batalla y fue premiado con la hija del rey, todas sus deudas fueron canceladas y fue premiado con riquezas. Tenemos que luchar por aquellas cosas que nos dejan ganancia. No luchemos por estupideces. Nuestra motivación tiene que ser la recompensa. Mientras otros nos critiquen, nosotros pensemos en conquistas. Otra cosa que aprendemos de David es que él aprovechó la oportunidad. Fue a llevar alimentos a sus hermanos, pero fue premiado como rey. Goliat no va a estar todos los días. Por eso tenemos que estar dispuestos a derribar a nuestros gigantes apenas aparezcan. Siempre tenemos que estar preparados. Entonces, cuando venga la oportunidad sin precio aviso vamos a aprovecharla, vamos a derribar a Goliat y vamos a ser colmados de bendiciones.
Hablemos victoria como David. Declaremos fe. Metamos a Dios en nuestra batalla. Nuestros enemigos nos hablarán, pero por nosotros va a hablar Dios. Goliat nos declarará maldiciones, pero nosotros soltaremos la palabra de fe y saldremos victoriosos. Antes de hacer algo, hablemos fe. Bendigamos. Sembremos fe. Trabajemos con fe. Peleemos nuestras batallas diarias con fe. Derribaremos a nuestros enemigos porque Dios esta con nosotros. El que tiene fe como David va a derribar a Goliat. ¡Para el que cree todo es posible!

Julio césar cháves www.juliochaves.blogspot.com
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