jueves, 20 de enero de 2011

Destino de bendición

¿Cómo logramos alcanzar nuestras metas? ¿Qué hay que hacer para hacer nuestros sueños realidad? Antes de cualquier cosa, lo que tenemos que tener para alcanzar lo que deseamos es el amor de Dios. Cuando estamos en comunión con Dios soñamos, no pensamos en problemas, pensamos en soluciones. El cristiano que realmente desea algo, si tiene comunión con Dios, tiene la certeza de que Dios conspirará a su favor y se harán realidad sus sueños. Dios es fiel. No necesitamos de nada ni de nadie, nuestra única fuente de felicidad y prosperidad es Dios. No tenemos porque demostrarle nada a nadie. Contamos con la ayuda de Dios y esto significa que nada nos faltará. Dios pelea por nosotros. Él nos ama con amor eterno. “La única fórmula de identidad que funciona en el reino de Dios es: Tú + Cristo: Persona completa e importante”, dijo Neil T. Anderson, autor del Best seller Rompiendo las cadenas.

Tenemos errores, somos seres humanos descontentos, pecamos, pero de todos modos Dios nos ama y la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado. No importa nuestros errores, lo importante es que Dios nos ama igual. Si reconocemos nuestros errores ante Dios y nos sometemos a Dios con humildad, Dios extenderá su mano y nos bendecirá en abundancia. Dios nos da sabiduría y nos libra de toda ignorancia. Todas las personas que nos rodean no tienen derecho ni autoridad sobre nosotros. Él único que tiene absoluta autoridad sobre nuestras vidas es Dios. Si Dios comenzó su obra en nosotros, él la terminará. Él tiene un propósito con nosotros. Si lo tenemos al Señor lo tenemos todo. Si Dios cuida de las aves de los cielos, ¿cómo no cuidará de nosotros? En su ensayo Alcanzando el éxito, el pastor Bernardo Stamteas escribió: “A la vez que te forma, Dios te da provisión: tal vez como a Pedro, lo sacarás de un pez gordo, de un lugar insospechado. Tu mejor milagro será soltado en el momento de tu formación. A veces precisamente en esos momentos cuando los chicos gritan, cuando metiste la pata, ahí viene la mejor revelación. Dios tiene todo preparado: lo que no pensaste y no sabías cómo, él te lo dará. No importan las circunstancias sino Dios. Tienes que estar listo y tirar el anzuelo una y otra vez: Señor, no quiero sólo un pez, dame una ballena que tenga todo lo que yo necesite”.
No esperemos que la bendición venga hacia nosotros, vayamos nosotros a la bendición. No dependamos de la gente, dependamos de Dios. Si lo perdemos todo, si seguimos teniendo a Dios, entonces no hemos perdido anda. En todo caso, las pérdidas son momentáneas porque Dios nos dará el doble de lo que hemos perdido. Dios no nos ama por lo que tenemos materialmente, Dios nos ama por lo que somos. No le tememos al mañana porque tenemos esperanza en Dios. Sabemos hacia donde vamos. Nuestro destino es la bendición. Nuestro destino es la prosperidad. Nuestro destino es la salud. Nuestro destino es la felicidad. Dios bendice a la gente que sabe a donde va. Hablemos lo que creemos. Fe es declaras agresivamente lo que queremos de Dios. Fe es pelear por nuestra herencia espiritual. Sabemos cual es nuestro final. Porque si sabemos que Dios esta con nosotros sabemos que nuestro destino es la bendición. El Dr. David Yonggi Cho, en su libro Maná para cada día, escribió: “Dios quiere que tengamos una vida exitosa. Él nunca fracasó. En consecuencia, no es la voluntad de Dios que su hijo o su hija fracase o se desespere. El fracaso nunca puede glorificar a Dios. ¿Cómo podemos llevar una vida exitosa? Uno de los más grandes secretos para el éxito es la motivación para alcanzar un fin. Para usar una expresión diferente, el éxito también es llamado sueño. Nunca podremos tener una vida exitosa si estamos abrumados o sufriendo por causa de pensamientos negativos, sin ningún sueño para alcanzar en el futuro. Por eso, debemos esperar la bendición de Dios y tener una motivación por grandes logros…”. Nuestro destino es la bendición.

Julio césar cháves
www.juliochaves.blogspot.com
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