martes, 2 de noviembre de 2010

El síndrome del payaso


“Un individuo fue a consultar a un psiquiatra y le dijo: Doctor, me siento solitario, abatido y miserable,¿puede ayudarme? El psiquiatra le aconsejó ir al circo y ver a un famoso payaso de que quien afirmaba que hacía reír a carcajadas aun a los más desalentados. Su paciente dijo: Doctor, yo soy ese payaso.”


Bocas sonrientes. Y ojos tristes, almas abatidas por el dolor. “Doctor, soy yo ese payaso”. Escuchar esta frase de labios de un payaso debe ser terrible, ya que se supone que ellos se dedican a hacer reír a la gente. Pero es así. Muchas personas hacen explotar de carcajadas a los demás y ellos, interiormente, están amargados, resentidos, solitarios, abrumados por la aflicción. Como discreto observador, puedo advertir que en algún momento de la vida no hay quien se salve de la tristeza, todos derramamos lágrimas. Todos experimentamos la soledad de la tristeza. En una operación camaleónica digna de admiración, la mayoría de las personas se vuelcan decididamente a hacer reír a los demás como un modo de ocultar teatralmente su dolor. Lo que sucede es que actualmente es un delito estar triste. Si estas triste por cualquier razón, algún dicen que Dios deja de amarte. Si sonríes Dios te ama, sino…Dios mira para otro lado. ¿Dios mira para otro lado? Algunos inconscientemente creen que si… Sin embargo, aunque muchos personajes de la farándula urbana crean que a nuestro Creador le molesta la tristeza, quiero decir afirmativamente que Dios participa de nuestras tristezas. De hecho, cuando no podemos expresarle a Dios nuestras suplicas con palabras, nuestras lágrimas piden ayuda por nosotros, pues a Dios le interesa muchísimo escuchar lo que dicen nuestras lágrimas. Cuando murió Lázaro, María y Marta estaban muy tristezas por la muerte de su hermano. Marta, abrumada por la sombra siniestra de la muerte de su hermano, le dijo a Jesús:”Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Estas mujeres se sentían solas y tristes. El versículo más breve de la Biblia dice que junto a la tumba de Lázaro,”Jesús lloro”. En nuestras tristezas nunca estamos solos. Nuestro salvador nos hace compañía. Nos consuela y nos da gozo en lugar de espíritu angustiado. Aunque no expresemos nuestro dolor en palabras, él lee el mensaje de nuestras más íntimas lágrimas. “El gran comediante escocés, Harry Lauder, cuando recibió la noticia de que su hijo había muerto en combate en Francia, exclamo: “En circunstancias como estas, el hombre puede hacer tres cosas. Entregarse a la amargura y la desesperación; tratar de ahogar su dolor en el alcohol; o puede volverse a Dios”. Lo mejor que podemos hacer en medio de la aflicción es volvernos a nuestro Dios, mediante la comunión con Jesús, y con la siempre oportuna ayuda del Espíritu Santo. Nuestro Padre Celestial puede darnos gozo y felicidad. Lo único que debemos hacer nosotros es darle nuestro corazón a él. El profeta Isaías sabe muy bien de lo que hablo ya que él, hace cientos de años, descubrió el secreto de vivir una vida plena y feliz. Dios no existe únicamente para los humanos que sonríen, él también existe para quienes sufren. Nuestro Dios no es indiferente al dolor de los hambrientos, los desamparados, los solitarios, los tristes y los infelices. Es nos ama tanto en nuestras alegrías como en nuestras tristezas. Las palabras de Isaías definen la importancia de volvernos a Dios:”…los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigaran”. (Isaías40:31).

“De gloria en gloria, aunque venga tribulación,
Esta no puede tocar nuestro tesoro, Cuando Cristo es todo en todo. Cualquier cosa que nos sobrevenga, No habrá nada que temer, Pues, ¿qué son dolor y pena cuando estamos con Jesús?”. Frances Ridley Havergal, Luz a través de las sonbras.


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