jueves, 2 de septiembre de 2010

A veces hay que decir que no...

En determinadas circunstancias decir que no es de vital importancia. Muchas personas por no saber decir que no permiten que otros abusen de su buena voluntad y se convierten en seres dóciles, fáciles de manejar. Ciertamente muchas veces nos metemos en problemas que no nos corresponden por haber dicho que si cuando tendríamos que haber establecido un límite diciendo que no. Tenemos que ser firmes y expresar nuestra opinión, los demás tienen que saber cual es nuestro punto de vista. Si establecemos límites desde la primera vez que algo nos moleste, es probable que no tengamos que hacerlo una segunda vez. Si no marcamos nuestros límites desde el principio es posible que la circunstancia se repita. Muchos especialistas en organización y productividad han escrito libros enteros sobre aprender a decir no, una frase que no suena en nosotros hasta que nos damos cuenta que el tiempo disponible es cada vez menos y que esas horas excedentes son recuperadas en periodos de tiempo que debemos utilizar para nuestra vida personal, ya sea un hobby, mirar televisión o simplemente un ocio poco creativo.

No inventemos excusas ya que estas ocultan lo que verdaderamente pensamos y sentimos. Cuando nos excusamos esta garantizando que tendremos que lidiar con el problema un segunda vez. No nos excusemos, seamos firmes y digamos lo que sentimos. No tenemos porque decir siempre que si. Seamos libres del yugo del “qué dirán” y seremos respetados. Decir que no también es bueno.

Definamos nuestro punto de vista ante el mundo en cualquier circunstancia. Si no queremos hacer determinada cosa no la hagamos ya que si la hacemos será todo con desgano e insatisfacción. Decir lo que pensamos hace que los demás respeten nuestro tiempo y disponibilidad. ¿Por qué tenemos que pensar cómo los demás? ¿Por qué tenemos que ir a donde van todos? Todos pensamos diferente y tenemos necesidades diferentes. Seamos educados pero firmes. Un error que comete mucha gente es ser muy educados y blanditos. Dicen que no pero suena como si estarán vacilando. Si respondes con un si fuerte y seguro nuestro interlocutor dejarán de presionarnos con su propuesta porque se dará cuanta de que no existe posibilidad de que demos el si tan deseado. Tenemos que dejar las cosas claras, si decimos que no, no cambiemos de opinión. No seamos groseros, con un simple no es suficiente.
Establezcamos límites y no intentemos razonar con nuestro interlocutor. El razonamiento rara vez funciona porque si exponemos nuestro argumento por mas racional y claro que sea, siempre aparecerá un argumento que se contraponga a nuestro argumento, así que no razonemos. Lo mejor es expresar lo que sentimos en lugar de expresar nuestros motivos. Cuando expresamos claramente nuestros sentimientos, nuestros contrincantes dejarán de exponer sus argumentos en nuestra contra y la pelea cesará. Si ponemos en práctica el establecimiento de límites seremos dueños de nosotros mismos y por consecuencia, mucho más felices cada día.

Julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar www.juliochaves.blogspot.com
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