viernes, 11 de junio de 2010

Habla paz y tu ambiente cambiará

Dios nos dio la capacidad de hablar. Podemos usar nuestras lenguas para bendecir o maldecir. Entonces, si queremos tener éxito, si queremos llevarnos bien con los demás, si queremos disfrutar de nuestra familia y nuestro trabajo, tenemos que hablar paz. Si hablamos paz y victoria, vamos a cambiar el clima de nuestro hogar y de nuestro trabajo. Hablemos victoria. Hablemos paz. Hablemos esperanza. No hablemos pobreza, hablemos riqueza. No hablemos enfermedad, hablemos salud. No hablemos preocupación, hablemos confianza en Dios.

Uno de los problemas que aqueja a muchos cristianos de hoy es que quieren conseguir la bendición hablando maldición. Critican, desconfían, analizan, juzgan y esto hace que sus vidas estén cercadas por un clima de fracaso. El que habla temor y preocupación va a cosechar confusión. El temor es una forma de destruir nuestro futuro. Cuando creemos que nos vamos a quedar sin trabajo, vamos a estar desempleados, pero cuando hablamos trabajo y prosperidad, la bendición nos va a alcanzar. Podemos ganar, podemos crecer, podemos tener fe. Un proverbio dice: “La preocupación hace que algo pequeño dé una gran sombra”. No nos preocupemos, ocupemos nuestro tiempo en crecer en fe y ganaremos todas las batallas.A veces escucho a personas que dicen: “Hay poco trabajo…”, “La situación económica esta difícil…”. Entonces, al hablar así atraemos a nuestras vidas eso que declaramos con nuestra boca. Lo que decimos tiene poder de cambiar nuestro entorno. El miedo y la preocupación no conducen a ningún lado. Confiémosle nuestras vidas a Dios. El salmo 55:22 dice: “Echa sobre Jehová tu carga, y Él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo”. Dios es nuestro Padre protector. Él tiene el control de nuestras vidas. Quizá sucederán cosas en nuestras vidas que no entendamos en su momento, pero llegado el momento todas las experiencias vividas, seamos agradables o desagradables, trabajarán a nuestro favor. Somos benditos en Dios. Nuestra posición en la vida es de victoria. Nuestra condición es de gloria. No estamos solos. No tememos. No nos preocupamos. No hablamos maldición. Primera de Pedro 5:7, dice: “Echando toda vuestra ansiedad sobre Él; porque Él tiene cuidado de vosotros”.


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