jueves, 24 de junio de 2010

El tamaño de tus sueños y el tamaño de tu Dios

Se llama sueño a cualquier anhelo o ilusión que moviliza a una persona. Soñar en Dios significa anhelar o desear lo que nuestro Creador quiere para nosotros. Para Dios nada es imposible y si nos ponemos en sus manos, podemos llegar a ser lo que él quiere que seamos, que indefectiblemente es lo mejor para nosotros. En su ensayo Dios te invita a soñar, Harold Caballeros, dice: “Lo Posible Puede Ser Hecho por Todo el Mundo; el Desafío es Probar que con Dios no Hay Imposibles. Dios quiere transformar lo imposible en posible. Comenzar a creer el maravilloso sueño que Dios nos invita a soñar es el comienzo de una vida de realización”. Los cristianos debemos entender que nuestro Dios es un Dios de innovación, cambios, transformaciones. El jamás deja a las personas como están sino que las cambia y las mejora. Soñar en Dios significa arrojarnos en sus brazos, consagrarnos, entregarnos completamente a él. Visualiza, imagina la concreción de las cosas que deseas. No necesitamos ver para creer sino creer para ver. No andamos por vista. Andamos por fe. Soñamos porque creemos en que Dios puede hacer realidad lo que necesitamos. Debemos llamar a las cosas que no son como si fueren y nos obligamos expresar palabras de fe, éxito y triunfo. Hace un tiempo leí el libro Sueña y ganarás el mundo, del Pastor colombiano César Castellanos, donde el autor dice que para alcanzar el éxito debemos entrar en la dimensión de los sueños y las visiones espirituales. Desear la voluntad de Dios para nuestras vidas es soñar en Dios. Cuando escuchamos lo que Dios tiene que decirnos gravitamos en torno a lo que él piensa de nosotros. Cuando soñamos en Dios vamos hacia delante, avanzamos, crecemos, evolucionamos y evoluciona todo lo que nos rodea. No dejemos que el diablo robe nuestros sueños. Dejemos de lado el miedo al futuro y no nos preocupemos. Entreguemos nuestro pasado, presente y futuro a Dios ya que él cuida de nosotros y sabe lo que verdaderamente necesitamos para ser felices. No nos conformemos con la realidad que nos rodea, cambiémosla, modifiquémosla. Ver la grandeza de Dios nos capacita para transformar nuestra vida. Alberto Mottesi alguna vez dijo: “Dime el tamaño de tus sueños y te diré el tamaño de tu Dios”. Entonces, finalmente preguntémonos: ¿De que tamaño son tus sueños?

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