viernes, 2 de abril de 2010

Lo que das es lo que recibirás


En Lucas 6:38 Jesús dijo: “Dad, y se os dará”. Lo que damos eso es lo que recibiremos. Si damos amor cosecharemos amor. Si le damos una mano al prójimo cuando lo necesitemos recibiremos ayuda. Si hacemos el bien sin duda cosecharemos el bien. Cosechamos lo que sembramos. Si somos egoístas y mezquinos cosecharemos pobreza, infelicidad, tristeza, soledad. Si queremos que nos hagan el bien hagamos el bien. “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad, y se os dará”. (Lucas 6:36-38).


Cuando entendemos que lo que damos eso es lo que recibimos somos más conscientes de lo que hacemos. Entonces, como sabemos que lo que cosechamos es porque lo hemos sembrado antes, antes de decir, pensar o hacer algo lo pensamos dos veces porque tenemos en cuenta las consecuencias de nuestras acciones. Si alguien nos hace el mal o habla mal de nosotros, en vez de quitarle el ojo debemos perdonar y seguir adelante. No nos dejemos vencer por el mal sino venzamos al mal con el bien. Donde hay tristeza sonriamos. Donde hay dolor pongamos comprensión. Donde hay confusión pongamos claridad. Donde hay anarquía pongamos armonía. Seamos valientes y no devolvamos el mal. Hagamos el bien y atraeremos la felicidad. Mateo 22:39 dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Dar es fundamental si queremos recibir. No estoy hablando de dar únicamente cosas o dinero, sino también de dar de nosotros mismos. El poeta libanés Khalil Gibran en su obra El profeta dijo que el que da de lo que tiene da muy poco, pero el que da de sí mismo es quien realmente da. Podemos dar un abrazo, una palabra de aliento, podemos dar nuestro tiempo. Podemos mostrar empatía y comprensión. Podemos ponernos en los zapatos del otro. Nadie puede solo. Todos necesitamos de los demás. Actualmente vivimos en una sociedad donde predomina el individualismo y el narcisismo feroz, la premisa a seguir es ganarle a otro y escalar socialmente aunque tengamos que aplastar cabezas para alcanzar el éxito. Si queremos tener trabajo valoremos nuestra labor. Si queremos que nos acepten y quieren demos afecto y cariño sin esperar nada a cambio. El verdadero éxito no consiste en ganarle al otro. El verdadero éxito consiste en superarnos a nosotros mismos. Si queremos que hablen bien de nosotros no critiquemos ni juzguemos a otros. Antes de mirar los pequeños defectos de fulano o mengano, miremos los gigantescos defectos que tenemos nosotros. “No juzguéis, para no ser juzgados”, dijo Jesús. Cuando cosechemos no nos quejemos de nuestra cosecha. Pensemos que esa cosecha es producto directo de lo que hemos sembrado. Muchos de nuestros problemas se deben a lo que hemos sembrado. Muchas veces hacemos cosas que pensamos que no tendrán repercusiones, pero después nos damos cuenta que hemos cosechado las consecuencias de nuestras malas acciones. Jesús dijo: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas". (Mateo 7:12). Recordemos que lo que damos eso es lo que recibiremos…


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