miércoles, 14 de abril de 2010

La mentalidad

“Los pensamientos son el alma de la acción”, dijo Robert Browning. Somos lo que pensamos. Los pensamientos son la antesala de nuestro comportamiento. Le damos forma a la vida con pensamientos, ideas, conceptos. Por esto cultivar una buena y sólida manera de pensar es imprescindible si pretendemos sacar provecho de nuestras elecciones de vida. Pensar coherentemente permite instalarse en la realidad asertivamente. Pensar en lo bueno, lo positivo, en las respuestas y en la solución de los problemas es fundamental a la hora de darle solución a los dilemas cotidianos. Sin criterio, sin cultura, sin valores axiológicos, es imposible interpretar los eventos, las circunstancias beneficiosamente.

En su libro Ayúdate, el Dr. Lair Ribeiro cuenta: “Para entender porque tu vida es como es, procura observar tus creencias. Se conscientes de algo es el primer paso para liberarnos de ello. Sólo ser conscientes. Nuestra percepción es responsable de los pensamientos que tenemos y estos pensamientos generan emocionales. La percepción que tenemos del mundo determina nuestra filosofía de vida y nos hace creernos ser”. Si somos pesimistas y percibimos las cosas siempre negativamente se hace imposible poder cultivar pensamientos positivos. Hay que ser conscientes de los dones, talentos y capacidades, y hacerlos funcionar, y a su vez hay que ser conscientes de las limitaciones. Conocerse a uno mismo es clave para poder sacar provecho de las elecciones. Ribeiro nos sigue diciendo: “Existe la posibilidad de que la realidad que percibes no sea la verdadera; si cambias tus creencias, si modificas tu modo de percibir el mundo, te garantizo que tu realidad cambiará”.
Los problemas tienen solución. Hay respuestas a todas las preguntas. Se puede. Nada es imposible. Nuestra mentalidad configura nuestra biografía. Si nuestros pensamientos son buenos viviremos una vida tranquila, dichosa, y disfrutaremos de lo que somos. Pero si somos pesimistas no disfrutaremos de nada y estorbaremos el camino de los demás. Pensar inteligentemente consiste en prever las consecuencias de nuestras acciones ya que todo lo que hacemos o dejamos de hacer implica cambios a corto y largo plazo. Es cierto que no podemos controlarlo todo. De hecho, siempre surgen imprevistos y cosas que no teníamos en cuenta, pero al menos vamos a controlar lo que esta al alcance la mano. No existe una buena mentalidad si la capacidad de anticipar los eventos por venir. No existe la tranquilidad sin optimismo. Todo depende de la percepción, de la manera en que vemos lo que nos rodea. Hay cosas accesorias y cosas importantes. Uno debe definir lo importante y dejar de lado lo accesorio. Ante todo están los valores superiores. “Yo, decía Napoleón, trabajo mucho siempre, medito mucho. Si parezco siempre dispuesto a responder todo, a enfrentar todo, es que antes de emprender nada he meditado largo tiempo, he previsto lo que podría suceder”.

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