jueves, 1 de abril de 2010

El film Descubriendo a Forrester y la capacidad de contribuir al crecimiento de los demás


En el film Descubriendo a Forrester, del cineasta Van Sant, Gus, se cuenta la historia William Forrester, el autor de una novela clásica galardonada hace cuatro décadas con el premio Pulitzer. Esto es lo último que se supo sobre William Forrester, pero las cosas cambian un día cuando Jamal Wallace, un impulsivo joven de 16 años con vocación de escritor, logra meterse en la protegida existencia de Forrester reavivando de nuevo los sueños de una leyenda de la literatura en el tramo final de su vida. Conocido en su barrio por su condición de solitario, el canoso Forrester es un hombre cuyo misterio y excentricidad se acercan a límites casi mitológicos. Jamal, el destacado estudiante y atleta afroamericano que ha sido fichado por un entrenador de elite gracias a su brillantez dentro y fuera de la cancha, se mete dentro del departamento de Forrester con una cartera repleta de sus trabajos literarios, inesperadamente ambos obtienen algo a cambio.
Obligado a dejar a un lado prejuicios como el color de la piel y otras suposiciones, Jamal no sólo encuentra a su admirador más fiel, sino a un mentor que le retará cambiando su vida para siempre; mientras tanto Forrester encuentra la primera razón, en muchos años, para salir de la soledad que se había auto impuesto. El film enseña sobre la importancia de ver el potencial en los demás. William Forrester representa aquellas personas que ayudan a que los demás desarrollen sus dones y talentos. En este mundo plagado de individualismo, egoísmo y mezquindad, el film transmite un mensaje sobre el amor, la empatía, la ayuda desinteresada, la bondad y la capacidad de ver el potencial de los demás.
Jamal Wallace comienza confiar en su capacidad gracias a que Forrester se convierte en su mentor. De esta historia aprendemos que todos necesitamos de los demás para poder desarrollarnos en lo profesional, lo económico y lo afectivo. Cuando los demás creen en nosotros somos afirmados, confiamos más en nosotros mismos. Debemos rodearnos de personas que vean nuestro potencial y debemos alejarnos de las personas que nos critican, manipulan y maximizan nuestros defectos. Únicamente merecen nuestra compañía aquellas personas que nos quieren con amor no fingido y desean lo mejor para nosotros. Debemos rodearnos de personas optimistas, entusiastas, que estén dispuestas a ayudarnos y a compartir con nosotros opiniones, sugerencias y experiencias con la intención de ayudarnos a crecer y a conseguir el éxito personal. En su ensayo Las leyes del éxito, el Dr. Bernardo Stamateas dijo: “Un verdadero maestro es aquel que es superado por sus discípulos”.


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