lunes, 15 de marzo de 2010

La prudencia y la previsión razonable

Leamos la siguiente definición de prudencia: “ La Prudencia es la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con cautela. De comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal, cauteloso y adecuado. De crear respetando los sentimientos, la vida y las libertades de aquellos quienes se puedan ver afectados por tu creación, sea tecnológica o artística. Para la ética católica, la prudencia dispone la razón a discernir, en cada circunstancia, el verdadero bien y a elegir los medios adecuados para realizarlo. Es guía de las demás virtudes, indicándoles su regla y medida”. “Nunca se debe estimar que sea mejor un pertinaz orgullo que la prudencia”, dijo Esquilo. Cuando uno prevé las consecuencias de sus actos, y toma precauciones al respecto, se conduce prudencialmente.

Es imposible transitar la realidad equilibrada y pacíficamente sin la virtud llamada prudencia. Considerar la importancia de las cosas, de las circunstancias, de las personas, es indispensable para poder deliberar y reflexionar sobre como debemos instalarnos en determinada circunstancia. Las circunstancias específicas requieren respuestas específicas. “El retirar no es huir, ni el esperar es cordura cuando el peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es guardarse hay para mañana y no aventurarse todo en un día”, dijo Cervantes a través de uno de sus personas en el Quijote.
Advertir los diferentes colores, tamaños y contextos de las cosas es comprender y entender la importancia de las consecuencias de nuestros actos. Resolver las cosas asertivamente requiere inteligencia, requiere darse cuenta de las cosas, requiere de tener criterio y mirar y conducirse con espíritu avizor. Ver más allá de lo inmediato, del ahora, del presente, y percibir lo que viene después de decir o hacer algo, es estimar la estructura de los eventos, de los momentos que vivimos. Cuando tomamos una decisión estamos definiendo muchas cosas, principalmente nuestra instalación en el mundo. No podemos vivir a la buena de Dios, esperando que las cosas se resuelvan solas, dejando cabos sueltos, siendo más ciegos que quienes no quieren ver. No podemos vivir sin criterio, sin cultura, sin sentido común, sin propósito, sin sentido. No podemos improvisar. Esta bien ser espontáneo e improvisar cuando lo creemos necesario. Pero hay que mirar el contexto, el marco, las referencias, los paradigmas. Las circunstancias están sincronizadas. Una cosa lleva a la otra. Una decisión lleva a la otra. Y todo lo que decimos o hacemos produce consecuencias, y prever estas consecuencias es conducirse con prudencia. Confucio reflexionó: “Así como la piedad filial consiste en amar a nuestros semejantes, así la prudencia estriba en conocerlos y en saber de cuales debemos huir y de cuales nos debemos juntar”. Lidiar con los problemas de la vida es una labor ardua, que implica pensar, pesar las cosas, y sacar conclusiones todo el tiempo, diferenciando lo bueno de lo malo, lo accesorio de la importante, sabiendo que si uno elige una cosa, al mismo tiempo, rechaza otras. Hay que elegir lo mejor, lo que conviene, lo que edifica, y para elegir bien hay que prever el futuro.

julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar






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