jueves, 18 de marzo de 2010

Dios el alfarero

Cuando el ser humano se arrepiente de sus pecados y acepta a Cristo como su salvador, ocurre una transformación radical. El profeta Jeremías fue cierto día, por orden de Dios, a la casa de un alfarero con el objeto de observar el proceso de la elaboración de las vasijas de arcilla. Jeremías cuenta lo sucedido de la siguiente manera: “Descendí pues a la casa del alfarero, y he aquí que éste estaba haciendo una obra sobre la rueda”. (Jeremías 18).

Tal vez muchas el profeta había visto trabajar a algún alfarero, pero esta vez Dios le dijo que observara bien ya iba a ilustrar una importante enseñanza que iba a impartirle. Cuando llegó, el alfarero estaba haciendo su trabajo sobre la rueda. Ya tenía la arcilla preparada, la cual esta homogénea, consistente, y como las condiciones eran las adecuadas estaba haciendo una vasija y estaba dándole forma, pero de súbito ocurrió algo: la vasija se rompió en las manos del alfarero, y el alfarero volvió a hacerla de nuevo como bien le pareció. Entonces, cuenta Jeremías, que Dios le dijo: “¿No puedo yo hacer con vosotros, oh casa de Israel, como hace el alfarero? He aquí que como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel”. Como el alfarero conoce su oficio, al ver que la vasija se rompió en su mano, no desesperó sino que la hizo de nuevo y mejor que antes. Todos los seres humanos somos vasijas en las manos del alfarero, pero hay un problema, somos vasijas deformadas, estamos rotos. Debido al pecado nos hemos echado a perder y nos hemos roto. El pecado deformó nuestra vida. De la misma forma que Adán y Eva pecaron deformando sus vidas, al pecar nosotros también hemos deformado nuestras vidas. Pero prestemos atención que todo no esta perdido ya que Dios, el sabio alfarero, esta dispuesto a hacernos de nuevo si nos arrepentimos de nuestros pecados y buscamos su rostro. Lo único que necesita es que estemos preparados, que seamos dóciles, que nos dejemos dar forma. El respeta nuestra libertad, él jamás nos forzará a hacer algo que no queremos. Si queremos podemos seguir estando deformes, agrietados, echados a perder, pero si queremos también podemos rendir en sus manos y poder llegar a ser un baso nuevo. El quiere volvernos a amasar, quiere restaurarnos, transformarnos. Debemos reconocer nuestros pecados, arrepentirnos y comenzar de nuevo, haciendo la voluntad de Dios. Entonces, Dios nos transformará en perfectas vasijas. Cierto día, el gran artista renacentista, Miguel Ángel iba caminando por las calles de Florencia y vio un enorme trozo de mármol tirado a la orilla del camino. Se ve que un artista mediocre había dejado este trozo de mármol que intentó hacer una obra y lo único que hizo es hacer un malformado trozo de mármol, el cual tiró. Miguel Ángel advirtió en seguida una bella posibilidad. Y de inmediato se llevo este trozo de mármol, al cual, con martillo y cincel, convirtió en una bella estatua que hoy conocemos mundialmente. Esta estatua es el David. De la misma forma que Miguel Ángel advirtió que este inutilizado trozo de mármol podía convertirse en esta célebre estatua, Dios ve lo mismo en nosotros. El pecado nos ha deformado, pero Dios es un artista que puede hacer de nosotros algo grandioso. Una canción que siempre cantamos en la iglesia dice:“Yo quiero ser Señor amado,Como el barro en las manos del alfarero.Toma mi vida, hazla de nuevo,Yo quiero ser, yo quiero ser,Un vaso nuevo”.Dios es el divino alfarero que le da forma a nuestras vidas. El quiere hacernos de nuevo, lo único que debemos hacer es rendirnos en sus manos. Entonces, luego de ser transformados, ya no seremos los mismos. Seremos una vasija nueva.


julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar
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