viernes, 12 de marzo de 2010

De heavy metal a Cristiano


Antes de conocer a Cristo era heavy metal y puedo decir que el rock pesado en mi vida fue de mala influencia ya que desconocía que este estilo musical incitaba a la violencia, la rebeldía, la droga, la lascivia, la lujuria, el satanismo, el incesto, el suicidio y un largo etcétera. Escuchar heavy metal a alto volumen en mi equipo de música no sólo me dañaba psicológica y emocionalmente sino que su nefasta influencia causaba en mí un daño moral y espiritual. El ritmo frenético y primitivo me ponía agresivo, hacia trizas mi conciencia, y provocaba inhibiciones de connotación sexual. Aunque el ritmo del rock pesado rompe los tímpanos, a mi me encantaba y había adoptado la filosofía de las letras de muchas bandas como mi propia filosofía.


Mi rostro había adquirido gesticulaciones grotescas, expresiones totalmente agresivas. Usaba remeras con estampados diabólicos, cadenas, y Jean ajustados al cuerpo. Mi conducta era caprichosa y egoísta, rebelándose con mis palabras y mi comportamiento contra mis padres y la sociedad. Estaba turbado y realmente no supe como manejar esa etapa de mi vida adolescente. Pero todo cambió cuando conocí a Cristo en 1996. El Espíritu santo me dio convicción de pecado y me libró de la atadura del heavy metal. Todo comenzó a cambiar en mi vida ya que el Señor me libró por completo de esta obsesión por el rock. Desde que me arrepentí experimenté un cambio profundo en mi vida y me di cuenta, después de caminar en una senda del Señor, que el vacío moral y espiritual que aquejaba mi vida me llevaba a escuchar esta música que fomenta la rebeldía contra todo lo establecido. Ahora, después de más de una década en el camino del Señor, me doy cuenta de que estaba atado a espíritus malignos que deseaban destruir mi vida. Se cuenta que el gran maestro bíblico Derek Prince en una ocasión ministró a una adolescente que estaba mentalmente atormentada y que después de darse cuenta de la situación en que estaba, oró por la chica y le ordenó al demonio que la oprimía que dijera su nombre y el demonio hablo a través de la muchacha y dijo: Mi nombre es ritmo. Posteriormente de que la adolescente fue liberada de este espíritu maligno, la chica se recuperó completamente. Al igual que esta chica el espíritu ritmo controlaba mi vida, pero cuando me ministraron en la iglesia Dios me restauró completamente. No piensen al leer estas líneas que estoy criticando el rock pesado sino que estoy reflexionando sobre la influencia que ejerce sobre la gente. Lamentablemente el diablo ha empleado el heavy metal para atar moral y espiritualmente a millones de jóvenes en el mundo entero. Además del ritmo agresivo que caracteriza al rock pesado lo realmente peligroso son las letras de las canciones pues abordan temáticas como la droga, la anarquía, la promiscuidad, las perversiones, las drogas y muchas cosas más. Debemos tener en cuenta que de igual forma que la fe viene por el oír la palabra del Dios, del mismo modo la rebeldía viene por el oír mensajes contrarios a la palabra de Dios. Proverbios 23:7 dice: “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Dios nos dice a través de su palabra que guardemos nuestro corazón porque de él mana la vida. Debemos guardarnos de todo lo que contamina nuestra conciencia. Filipenses 2:15 dice: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”. Y segunda de corintios 6:17 también nos dice: “Apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo”. Debemos reconocer que la influencia del heavy metal es nefasta, degradante, que contamina nuestras conciencias y nos aleja de Dios, zambullendo nuestras vidas en el pecado y la perturbación moral y espiritual. Cristo nos ha hecho libres de la influencia del heavy metal. Somos libres en Cristo.


julio césar cháves escritor78@yahoo.com.ar
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