jueves, 18 de marzo de 2010

AMOR, FAMILIA Y VIOLENCIA

No hemos sido creados para dar odio sino amor. El amor es una expresión sagrada. Une a los seres humanos. La vida sin este sentimiento no tiene sentido, no significa nada. Sin embargo, aunque sabemos que hemos sido creados para amarnos a nosotros mismos y amar a los demás, las personas se despeñan detrás del odio, la indiferencia, y el desamor. Valiéndose de un comportamiento beligerante, los seres humanos han buscado, directa o indirectamente, el mal de sus semejantes. De hecho, la violencia intrafamiliar es un mal que aqueja a la sociedad toda, a nivel psicológico, físico, y social.

Sabemos que debemos ser altruistas, procurando el bienestar de nuestros semejantes, pero de todas formas, convivimos en una atmósfera de fricción, intolerancia y falta de comprensión. Y aunque muchos especialistas dicen que la violencia en la familia y en las relaciones interpersonales, se da únicamente en los ambientes de bajos recursos y de poca educación, lo cierto es que la violencia se da en ambientes de todo nivel social y económico. La violencia no discrimina a nadie. Y las que más sufren de la violencia que atenta contra el amor, son las mujeres ya que todos los días sus derechos son violados cotidianamente por medio del maltrato moral, psicológico, laboral y sexual. Debido al egoísmo déspota desenfrenado de muchos hombres, muchas mujeres son descalificadas, abusadas de múltiples maneras. En efecto, el amor une a los sexos opuestos y converge en la constitución de una buena familia, donde padre y madre se aman y se buscan el bien mutuamente, pero el odio, la indiferencia y la violencia atentan contra la unidad familia y la constitución psicológica de los individuos, malformando las familias, contribuyendo a que vengan futuras generaciones sumidas en el rencor y el resentimiento. “La paz y la armonía, constituyen la mayor riqueza de una familia”.En todo el mundo vemos como la familia esta siendo desintegrada por los medios de comunicación, la pobreza, y la falta de educación, y advertimos como todos estos elementos y muchos más que no hacen falta nombrar, quieren destruir la columna vertebral de sociedad llamada familia. Entonces, es nuestra responsabilidad como seres humanos avocados a la práctica del amor y la bondad, fomentar el valor de la familia, la fidelidad y la no violencia entre los sexos. “El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”, dijo Juan Pablo II. Es en la familia donde aprendemos el valor de la vida y la convivencia humana, es allí donde somos formados para entrar en la sociedad con principios y valores humanos. Si cada uno de los miembros de la familia busca su propio bien, sin que le importe el bien de sus familiares, estamos ante una familia que favorece la desarmonía y la mezquindad. Por algo dijo Abraham Lincoln: “Me da lástima el hombre que no siente el látigo, cuando los latigazos los recibe en sus espaldas el prójimo”. Hemos sido creados para el amor y la armonía. Podemos poseer todas las riquezas del mundo, pero si no tenemos amor, somos los más pobres del universo. Hay quien no tiene nada y es rico en amor y bondad. Y hay ricos que son tan pobres que sólo tienen dinero. El amor es lo que nos hace trascender como seres humanos. Donde no hay amor, debemos sembrarlo y seguramente nacerá ya que todo corazón humano es terreno fértil para este sentimiento. Los hombres deben amar y respetar a las mujeres, respetando sus derechos y contribuyendo a su bienestar físico, psicológico y social. “Amar, escribió Juan Pablo II, es lo contrario de utilizar. Me afecta cualquier amenaza contra el hombre, contra la familia y la nación. Amenazas que tienen siempre su origen en nuestra debilidad humana, en la forma superficial de considerar la vida. La libertad de buscar y decir la verdad es un elemento esencial de la comunicación humana, no sólo en relación con los hechos y la información, sino también y especialmente sobre la naturaleza y destino de la persona humana, respecto a la sociedad y el bien común, respecto a nuestra relación con Dios. El matrimonio y la familia cristiana edifican la Iglesia. Los hijos son fruto precioso del matrimonio. El hombre es esencialmente un ser social; con mayor razón, se puede decir que es un ser familiar. El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”.


Julio César Cháves escritor78@yahoo.com.ar
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