miércoles, 14 de marzo de 2007

Una sombra errante.

La vida es corta, dura muy poco tiempo. Hoy estamos y mañana…; Dios dirá. La muerte es inevitable. La muerte es la puerta de acceso a la eternidad. Máximo, el personaje principal de la película “Gladiador”, dijo: “Todo lo que hacemos pasa a la eternidad…”. Lo que hacemos pasará a la eternidad y será juzgado por Dios. Nosotros pasaremos a la eternidad detrás de nuestras obras buenas y malas. Muchas personas dicen que todo termina en la tumba cuando te comen los gusanos, pero esto es mentira, pues algún día todos los que creemos en –Jesucristo nos encontraremos con nuestros seres queridos. Somos personas con una esencia inmortal. Lo que muere es nuestro cuerpo, pero nuestro hombre interior sigue vivo. Nuestro cuerpo es tierra. Y nuestro ser interior es intangible, pues pertenece a un mundo intangible donde vive Dios, que es quien nos creó completamente. Eclesiastés 1:1-2 dice: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora, tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado…”.
Shakespeare, a través de su personaje Macbeth, cuando Macbeth se entera de que la reina muere, dice al referirse a la muerte: “Hubiera debido morir más tarde, no es ahora momento para tales noticias… Mañana, mañana, mañana, mañana, mañana, palabra falaz que nos va llevando poco a poco al final de nuestros días, mientras el ayer ilumina al necio al camino hacia la muerte sombría. ¡Apágate, apágate, cabo de vela! La vida no es más que una sombra errante; un pobre comediante que pasa pomposamente por el escenario y de quien no se oye hablar más; es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia que nada significa”. Llega un momento en que la vida guarda silencio, se aquieta, deja de latir. Allí comienzan los latidos eternos. Y la otra vida continúa. Yo creo que es crucial creer en Dios, pues es él quien nos da certeza y sentido ante la muerte. Dios es la vida. El es la salvación. Hay personas que no creen en Dios. Dicen esto porque quizás tienen buena salud, son jóvenes, viven en un país democrático, tienen para comer. Los tales dicen: “Cuando morimos todo ya fue…”. Pero lo cierto es que cuando morimos allí comienza todo, lo bello para algunos, y lo rojo y tormentoso para otros. Después de la muerte la vida continúa. Seguimos viviendo, descubriendo cosas nuevas. El apóstol Pablo sabía que la muerte es el comienzo de otra vida, la vida junto a Cristo. Por eso, escribió: “ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Corintios 10:13).
Todos vamos a morir, físicamente digo. Yo sinceramente tengo miedo a morir, pero no le tengo miedo a la muerte. La muerte no tiene poder sobre mí esencia, mi hombre interior. Dios es dueño de mí. Sé que algún día moriré. Y también sé que algún día estaré frente a Dios arrodillado ante el Cordero que fue inmolado por toda la humanidad, Jesús. La eternidad está a un solo paso. Mientras mí corazón late… debo permanecer en esta vida. Pero cuando mí corazón se detenga, a la eternidad procederé. Finalmente quiero citar otra vez a Shakespeare que dijo: “Encomiendo mi alma en las manos de Dios mi creador, esperando y creyendo con certeza, que a través de los meritos de Jesucristo mi salvador, pueda ser participante de la vida eterna; y mi cuerpo, a la tierra, de donde fue tomado”. ¡Después de la muerte la vida continua!

Julio C. Cháves.
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