viernes, 16 de marzo de 2007

Sociedad elitista.

Nuestra sociedad es elitista. El éxito es lo que todos buscan. Tener es lo que cuenta. Tener hijos, tener éxito, tener comodidades, tener autos, tener las mejores casas, tener, tener y tener. Esta es una época materialista. Las cosas son la droga y la moda. Hay que tener, lo exige la sociedad. Las elites burguesas han decretado que tener es más importante que ser. Los mediocres buscan cultivar la exterioridad a cualquier precio. La interioridad no importa. El alma menos. Lo importante dicen los elitistas del tercer milenio es configurar la vida en torno al que dirán. Agradar a los demás y figurar, aunque cueste el ser, es el objetivo de quienes poseen apariencia triunfal. Las almas colmadas de estupidez caminan por las calles proclamando libertad artificial. Ser vistos es el objetivo de los cibernéticos presumidos de hoy. Conozco a un joven que esta estudiando periodismo, que todavía no se recibió, que hace reportajes polémicos para generarse importancia. Hoy está de moda usar mascaras, el rostro no importa, la mascara sí. Los que consiguen éxito logran la paz que tan locamente anhelaban, obviamente paz artificial. En contraste, los que no lo han alcanzado, yacen heridos, artificiales. En contraste, los que no lo han alcanzado, yacen heridos, resentidos, amargados y hundidos en el pantano del auto desprecio. Anthony de Mello reflexionó: “La aprobación, el éxito, la alabanza, la valoración, son las drogas con las que nos han hecho drogadictos la sociedad, y al no tenerlas siempre, el sufrimiento es terrible. Lo importante es desengancharse, despertando, para ver que todo ha sido una ilusión. La única solución es dejar la droga, pero tendrás los síntomas de la abstinencia. ¿Cómo pasarte sin el aplauso y la aceptación? ¿Cómo vivir sin algo que era para ti tan especial? Es un proceso de sustracción, de desprenderse de esas mentiras. Arrancar esto es como arrancarte de las garras de la sociedad”. El ha sido dejado de lado, pero realmente es lo que en verdad importa. Lo más sublime que tiene un apersona es su ser. Lo exterior es importante, pero más importante es lo de adentro. En la actualidad se habla mucho de cultivar los músculos. Por televisión se ofertan innumerables productos y aparatos para bajar de peso. Los mensajes publicitarios nos empapan de ofertas sobre estética. Sin embargo, no nos dicen nada sobre cómo desarrollar los músculos del corazón, del espíritu, del alma. A simple vista nos damos cuenta que la estética, la piel, es lo único que le importa realmente a la gente. De ahí el origen de tanta angustia, tanto aislamiento, tanta soledad y tanto individualismo.
¡Cuan flácidos y tristes están los rostros! ¡Cuan perdidos y desorientados están los elitistas! Mucho ruido, pero pocas nueces. Muchas nubes cargadas de agua, pero nada de lluvia. Mucho ver, pero poco mirar. Muchos ojos, pero mucha miopía intelectual y espiritual. La transitoriedad controla a las almas cargadas por el materialismo. Los hombres fingen ser libres, fingen ser dichosos, pero en realidad son esclavos de voluntades ajenas. La sociedad promueve la droga del éxito. La abstinencia es difícil, pero es lo mejor. José Ortega y Gasset en su obra “Goethe desde adentro”, escribió: “La vida es en sí misma siempre un naufragio. Naufragar no es ahogarse. El pobre humano, sintiendo que se sumerge en el abismo, agita los brazos para mantenerse a flote. Esta agitación de los brazos con que reacciona ante su propia perdición es la cultura, un movimiento natatorio. Cuando la cultura no es más que eso, cumple su sentido y el humano enciende sobre su propio abismo, pero diez siglos de continuidad cultural traen consigo, entre no pocas ventajas, el gran inconveniente de que el hombre se cree seguro, pierde la emoción del naufragio y su cultura se va cargando de obra parasitaria y linfática”.
La cultura ha zambullido a la sociedad en el vacío de los lívidos descontrolados, los corazones sin amor, y las relaciones interpersonales corrompidas por el egoísmo y la ambición de poder. Las masas yacen apagadas por la frivolidad y la genitalidad del amor libre. Vacío existencial nos abruma. Agitamos los brazos. Queremos mantenernos a flote. Pero no lo logramos. Nos falta seguridad interior porque las masas viven alejadas de Dios. Las miradas se ofuscan. Los corazones sin Dios se enloquecen y somatizan sus angustias interiores. Y los hombres sucumben ante egos de metal. Cullen Hightower dijo: “El ego es un socio silencioso… y las más de la veces dominante”.

Julio C. Cháves.
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