miércoles, 14 de marzo de 2007

A pesar del sufrimiento.

Larry Olsen, autor del libro “El arte de sobrevivir al aire libre”, expresó: “Lleva varios días sin comida ni agua. Tiene los labios hinchados, y también la lengua; está rendido y ensangrentado. Algunos de sus huesos casi se le asoman por la piel. Ha sido terriblemente arañado y azotado por los cactus, la arena y el sol. Su cuerpo está lleno de ampollas. Entonces, mientras sube a gatas por un pequeño trama, se encuentra con una plantita, y apoyándose en su ensangrentado codo, la mira y le dice: Sabes, si las cosas siguen como hasta ahora, muy bien podría desanimarme”. La vida es dinámica. A veces salen las cosas bien y otras veces, todo se complica. Cada día es un don divino, es un regalo de Dios. Hay individuos que viven sus rutinas con osadía, entusiasmo, entrega. También, por su parte, están aquellos individuos que viven derrotadas y sin ganas de comunicarse con ellos mismos, ni tampoco con los demás. Lo cierto es que los problemas en la vida son inevitables, pues la tragedia, en el momento en que menos lo esperamos, choca contra nosotros. Muchos caen y jamás vuelven a levantarse. Otros, en cambio, caen y se levantan con nuevas fuerzas. Cuando llegan los momentos duros, muchos se niegan a llorar y reprimen todo lo que sienten. Temen llorar. Temen pedir la ayuda de alguien no les agrada el sufrimiento. Porque los tales piensan como Cranwell que dijo: “Ríe y el mundo estará contigo; llora y llorarás sólo”.
Así pues yo me pregunto: ¿Qué tiene de negativo sufrir si para ser verdaderamente felices hay que pasar por esto un poco? ¿Qué tiene de malo derramar lágrimas de amor hacia la vida, hacia nosotros mismos y hacia los demás? ¿Por qué le tenemos tanto pavor al sufrimiento? Sufrir es necesario. El sufrimiento es lo que nos ayuda a valorar lo realmente importante de la vida. Sufrir permite conocer cosas que no se pueden comprar con dinero. El sufrimiento no dura para siempre. Puede durar días, meses, años, pero un día termina. El sufrimiento puede castigamos, golpearnos, desestabilizarnos, menospreciarnos, desanimarnos, pero no puede destruirnos. No puede detener nuestra marcha. No puedo impedir que sigamos aferrados a la vida, al amor, a lo que somos debajo del sol.
A pesar del sufrimiento debemos seguir amando la vida. Debemos amar lo que somos con valentía, con realismo, con esperanza. Porque lo que somos es valioso. Podrá rodearme lo nefasto, lo oscuro, lo feo, pero a pesar de todo sigo amando la vida. Pues tengo un corazón para amar. Ojos para mirar. Brazos para abrazar. Voluntad para luchar pese a los obstáculos enemigos. A veces me siento mal, pero de igual modo, sigo hacia delante. A veces está nublado, pero sé que el sol yace detrás de las nubes en su lugar de siempre. Pese a todo, la vida es bella. El Dr. Jaime Barylko en su obra “Sabiduría de la vida”, cuenta: “Eternidad. La vida es tiempo, sí, ascenso a la trascendencia. Ese ascenso lo denominamos eternidad.” “Y esta es nuestra vida: una hora solitaria; entre todas las horas se eleva desde la víspera, una hora que sonríe de modo diferente a sus hermanas y se calla ante lo eterno”. Así lo expresa Rilke. Una hora que ha dejado de ser una hora. Esto es el sentido; anhelo de eternidad. Mas que la eternidad nos es propio y consustancial el referirnos a ella, el anhelarla y el anhelarnos en ella”. La vida es tiempo entre dos eternidades. Elegimos ser. Y anhelamos la eternidad de los momentos de dicha, pero eso es imposible. En la vida también hay horas solitarias; horas en las que nos preguntamos: ¿Es bueno seguir amando la vida a pesar del sufrimiento? Yo creo que sí…

Julio C. Cháves.
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