miércoles, 14 de marzo de 2007

Mentes alocadas.

El mundo corre a un ritmo frenético, alocado. Nadie utiliza su tiempo de modo sereno. Están todos enloquecidos; y los días son más largos porque dormimos menos. Desde la invención de la luz eléctrica, los seres humanos podemos controlar, con sólo presionar un par de botones, la duración del día. Es por esto que todos yacemos tan cansados y fatigados mentalmente. Además, con la ayuda de ingenios modernos como la computadora personal, la radio, la televisión y la internet, nos zambullimos cada vez más en el cansancio físico y mental. Caminamos en las calles somnolientos y agotados; y como si iríamos por la senda correcta, aceleramos aún más la marcha…
La velocidad nos encanta, pero las consecuencias de la velocidad no. Todo pasa deprisa. Antaño andábamos a caballo, mientras que hoy día andamos en vehículos con ruedas, alas, hélices. Pensábamos, más ahora dejamos que la calculadora piense por nosotros. Antaño charlábamos cara a cara, pero ahora lo hacemos vía Internet, nos mandamos E-mail ya que esto es más práctico, argumentamos. Concientemente nos dejamos controlar por el dios productividad, velocidad, frenesí.
Ahora bien, es notable que este empedernido ritmo frenético de vivir que llevamos, nos esta llevando a cada vez más cansancio y a mucho sueño acumulado. Cada vez dormimos menos; y cada vez tenemos más agotada la mente. Es por el este cansancio que cometemos errores drásticos. Es por esto que se proliferan los trastornos del sueño, los accidentes automovilísticos, y como si esto fuera poco, aumenta la tensión en las relaciones humanas. Vivimos en una tecno-sociedad, tenemos miles de artefactos modernos que nos hacen la vida más fácil y más cómoda, pero lamentablemente nos falta lo principal, ser felices en la quietud, en la tranquilidad, en los momentos serenos. Vivimos muy rápido, a un ritmo muy alocado. Creo que es hora de que nos despojemos del dios frenesí, del dios velocidad, del dios consumo, del dios productividad. Sin duda, debemos prestar atención a lo que nos dice el profeta Isaías en Isaías 48:18: “¡OH, si hubieras atendido a mis palabras, a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar”. Nuestra prioridad debe ser estar en vital y dinámica relación con Dios. Debemos dejar de lado lo inmediato, lo menos importante, lo que es accesorio; y debemos comenzar a considerar la importancia de lo mediato, de lo interior, de lo a largo plazo, de lo que en realidad importa. Los mensajes publicitarios nos dicen que necesitamos muchos artefactos o ingenios modernos para vivir, pero ciertamente jamás nos dicen lo que es realmente prioritario. Debemos caminar a un ritmo adecuado, tranquilamente, pensando la vida, lo que somos, lo que podemos llegar a ser si abordamos determinadas decisiones. Eclesiastés 5:12-15 nos cuenta: “Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia. Hay un mal doloroso que ha visto debajo del sol, declaro el famoso Rey Salomón: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal; las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron, nada les queda en la mano. Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano”.
Despojémonos de la actividad excesiva, del dios velocidad, del dios frenesí. Caminemos despacio, pensando en las consecuencias de las decisiones, en las consecuencias de cómo gestionamos nuestra vida. Confiemos en nuestro creador, pues él, suplirá todas nuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria. Mantengamos nuestras vidas ocupadas de modo adecuado, tranquilo, sereno. Mantengamos las prioridades en orden. Mantengamos nuestro tiempo controlado. Administremos bien nuestro tiempo y nuestro espacio. ¡Descansemos en Dios! James Burns escribió: “¡Que es descansar en Dios, sino el movimiento instintivo de levantar la mirada del espíritu hacia él; el confiarle todas las penas y temores, y sentirse fortalecido, paciente, esperando al hacerlo! Implica una disposición a permitir que él escoja por nosotros, una convicción de que el orden de todo lo que nos concierne está más seguro en sus manos que en las nuestras”. Confiemos en Dios y seamos valientes para ser diferentes en una sociedad que ama la uniformidad y el masifismo.

Julio C. Cháves.
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