miércoles, 14 de marzo de 2007

La dulzura humana.

La dulzura humana está íntimamente ligada a la bondad. Dulzura es lo que tiene que ver con el afecto hacia los demás. Ser dulce es mostrar afecto a las personas que tenemos cerca. Es mirar lo positivo en los demás, minimizando, al mismo tiempo, los defectos. Ser dulce es aceptar lo que son los demás, con calma y empatía. Dios creó el alma humana para que este en compañía. Necesitamos de otros seres humanos. Necesitamos amar y ser amados. Dios dijo en el principio: “No es bueno que el hombre esté solo”. (Génesis 2:18). La dulzura es una virtud que únicamente forma parte de los individuos humildes que se han despojado totalmente de toda presunción y egoísmo. El ser humano dulce es un individuo que sabe, conscientemente, que sin amor no se puede será verdaderamente libre y feliz. Teilhard de Chardin, pensó: “La dulzura es la primera de las fuerzas y la primera, tal vez, de las virtudes”.
Ser dulce es poseer voluntad de amor. Cuando sembramos dulzura las personas se acercan a nosotros, pues ven en nosotros cualidades que les ayudan a vivir una vida más amena y benigna. La dulzura busca el bien del otro. Permite que los demás se muestren sin máscaras. Permite que los demás se muestren susceptibles. Permite que los otros sepan que los amamos, pese a todos los defectos que pueden albergar. La Fontaine dijo: “Más hace la dulzura que la violencia”. Yo no puedo obligar a que nadie me ame. Pero lo que sí puedo hacer es amar para, de ese modo, generar en el corazón de mis semejantes amar hacia mi persona. A la fuerza no puedo generar amor, pero con dulzura puedo hacer que las personas se sientan cómodas conmigo. Al ser dulce nuestro afecto y solidifico el amor interpersonal. La dulzura es lo que nos permite despojarnos de nuestro orgullo y de todas las manifestaciones negativas de nuestro yo. El Dr.Jaime Barylko en su obra “Envidia, Sueños y Amor”, expresó: “Vivimos del amor, por el amor, para el amor. Pero olvidamos que el amor no es un regalo ni una gracia espontánea. Olvidamos contarnos a nosotros mismos que sufrimos precisamente porque decimos amor pero carecemos de amor. Ocultamos la envidia, los sueños de poder, los grandes dramas de las luchas internas del hombre”. Ciertamente luchamos contra nosotros mismos, porque siempre nuestra carne quiere ocupar un lugar preponderante por sobre los demás. Hablamos de amor, pero deseamos controlar a los demás. Nos ocultamos detrás de una cáscara de amor, pero para sacar provecho de las relaciones interpersonales. La dulzura es una manifestación del verdadero amor. Cuando somos dulces queremos ser mejores y lo logramos. Actualmente, la gente, de tan buena que es, dice amor pero lo único que práctica es la apatía hacia sus semejantes. Hablamos, gritamos, recitamos amor, pero…
La dulzura es una virtud únicamente de los seres humanos superiores. La dulzura es, pues, lo que caracterizo a Jesús, a Gandhi, a Martín Luther King, a la madre Teresa, a innumerables seres humanos que se brindaron y se sacrifican en aras del bienestar del prójimo y por ende, de ellos mismos. La dulzura se inspira en la bondad, en la calma, en aceptación… Bien dijo Jesús: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. (_Mateo 5:8)

Julio C. Cháves
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