viernes, 16 de marzo de 2007

Hombre lobo.


Chacabuco es una ciudad. Los hombres viven juntos. Existimos, coexistimos. Somos entre todos. Nosotros somos la ciudad. Hombres junto a hombres. Todo podría funcionar bien. Pero en Chacabuco pasa lo que pasa en todas las pequeñas y grandes ciudades, los hombres se tornan lobos. El lobo es un mamífero carnicero, cruel, es indomesticable. Es muy parecido a un perro mastín. Es animal salvaje, enemigo implacable del ganado. El ser humano también es mamífero y también es… Un filosofo ingles del siglo XVII, llamado Hobbes, dijo: “El hombre es un lobo para el hombre”. Hombres lobos. Esta es la realidad cotidiana. Lo que somos. Lobos y ganado al mismo tiempo. Todos contra mí y yo contra todos. Así estamos. Nuestras mandíbulas están ensangrentadas. Al escribir esto no es mi intención ser morboso. Mi deseo es interpretar la realidad lo más acertadamente posible.
Si todos cumplieran su función la sociedad seria perfecta. Todos dependemos de todos. El mecánico que vive a media cuadra de mi casa es importante. Mi tío que es pintor también es importante. Lo mismo pasa con los médicos, con los zapateros, con los pintores de obras, con el sodero, con mi viejo que es albañil. Somos seres sociales. Influimos. Nos influyen. La vida es un intercambio de favores. Me dan y doy. Todo podría funcionar bien. Pero lamentablemente nada funciona cómo debe. Podrían ser todos felices, pero hay muchos individuos que no lo son porque se tornan lobos. Y los lobos son mamíferos crueles, carnívoros, incontrolables. Su naturaleza animal les controla. Los hombres-lobos son envidiosos, pues siempre quieren lo que tiene el prójimo. Los hombres-lobos son tiburones que se comen peces más pequeños. Es verdad, somos narcisistas. Por eso, Aristóteles dijo: “El hombre más poderoso es aquel que es dueño de sí mismo”.
Creo que debemos controlarnos. Si nuestra carne dice: no quiero a aquel, debemos auto obligarnos a amar a aquel. Ser un hombre lobo es peligroso. Saúl se convirtió en un hombre lobo y persiguió a David para matarlo. Caín se convirtió en un lobo y mató a su hermano por envidia. Saulo de tarso, antes de convertirse en el gran apóstol, se convirtió en asesino de los seguidores de Jesús y sin saberlo se tornó un hombre-Lobo. Ahora, ¿hay más características del Hombre-Lobo del siglo XXI? Claro que sí. 2 Timoteo 3:13 dice: “Más los malos hombres y los engañadores eran de mal en peor, engañando y siendo engañados”. Los hombres-Lobos son los que engañan a sus semejantes, lo que codician la mujer ajena, los que dan falso testimonio, los que mienten, los comerciantes que manipulan los precios en nombre del la inflación, los que te dicen te aprecio y cuando no estas te sacan el cuero, los que no respetan a su madre, los presumidos, los fanfarrones, los engreídos, los que utilizan la libertad como una herramienta para destruir… Julio Cesar dijo: “De los hombres es errar y bestial es porfiar”.
Lo mejor que podemos hacer para erradicar al hombre-lobo que tenemos dentro es amar al prójimo, es hablar bien cuando los demás no están presentes, es mirar lo positivo en las personas que nos rodean, a dejar los precios de los comestibles a un precio justo, es respetar la mujer de mi vecino, es amar lo que tenemos, es valorar a los demás por lo que son, es considerar a todos como importantes. Somos ciudad, personas junto a personas, causas y efectos. Emile Brehier, autor de “Historia de la filosofía”, dijo: “El individuo que forma parte de la ciudad debe cumplir su función social, ante todo. En esto consiste la justicia. Ser justo es cumplir su propia función”.

Julio C. Cháves.
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