viernes, 16 de marzo de 2007

hablar y escuchar.

Somos humanos y hablamos. Algunos hablamos mucho y otros hablan menos. Estamos dotados de palabras. Nos comunicamos. Expresamos lo que pensamos, lo que sentimos. Vivimos, convivimos. Y en toda conversación, existen, como dijo Max Lucado en su libro “Sobre el yunque”, dos clases de personas: aquellas que desean comunicarse y aquellas que desean mostrarse. Las que desean mostrarse hablan de un modo artificial. En contraste, los que desean comunicarse hablan de corazón a corazón. Hablamos desde adentro. Las palabras que nuestros labios pronuncian son pensamientos terminados. Decimos cosas positivas y también cosas negativas. Hablamos. Hablamos de amor y a veces no lo practicamos. Hablamos de solidaridad y muchas veces permanecemos de brazos cruzados. Hablamos de ser y en muchas ocasiones terminamos pareciendo. En la actualidad esta de moda hablar. Los opinólogos se han zambullido en nuestra realidad cotidiana. Los que hablan sin elegir las palabras no quieren comunicarse. Simplemente hablan sin responsabilidad y con egoísmo. Dicen lo que quieren pero no saben lo que les hace bien. Creo que los sabios son los que hablan eligiendo las palabras. Pues el que elige las palabras sabe que “La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos”. Debemos hablar eligiendo las palabras.
Ahora hablemos de escuchar. Escuchar es comunicar. Escuchar es reflexión, prudencia, meditación, cosmovisión de la vida, integración de pasado, presente, y futuro al mismo tiempo. Escuchar es mostrar empatía. Cuando escuchamos entramos en el mundo de otra persona. Podemos entrar en un mundo infernal o en un mundo paradisíaco. Todo depende de a quien escuchemos. Muchos dicen que tenemos dos orejar porque escuchar es más importante que hablar, por eso tenemos una boca. Pero esto, desde mi punto de vista, es un concepto errático, pues para mí hablar y escuchar implica la misma cosa: comunicarnos. Cuando escuchamos a los demás en realidad estamos aprendiendo a escucharnos a nosotros mismos. Escuchar es permitir que los demás y nosotros seamos mejores que ayer. Daniel Santinelli dijo respecto al escuchar: “Mientras uno habla, el otro va pensando qué cosas suyas dirá cuando le toque el turno. A veces interrumpe, otras aguanta hasta que el otro termine su discurso. Para ser un buen escucha necesitamos entender que enfrente nuestro hay otra persona, un ser diferente de nosotros que sufre, ríe, está contento o no. Dejar entrar al otro no es fácil. Creo que el que nos e escucha a sí mismo, en que no se da cuenta qué le pasa, no puede escuchar adecuadamente las confidencias del otro”.
Escuchamos y hablamos. Miles de temas son parte de nuestras conversaciones. Usamos la lengua lo mejor que podemos. También usamos los oídos, pero a veces se nos oxidan. Pasa esto, porque olvidamos de escucharnos a nosotros mismos y por ende, también olvidamos de escuchar a nuestros semejantes. En ciertos momentos, decimos una cosa y hacemos otra totalmente diferente, es decir, somos ambivalentes. Luchamos por comunicarnos. Nos cuesta hablar de corazón a corazón. Los diálogos superficiales por momentos nos controlan. Pero nosotros de igual modo seguimos luchando, hablando, oyendo, sintiendo la eternidad tramo a tramo. Convivimos. Nos cuesta porque somos humanos. Pero seguimos conviviendo, peses a todo lo frágil que somos como humanos. En fin, “El intelecto tiene lógica, las emociones necesidades”, dijo Bob Hoffman.

Julio C. Cháves.
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