miércoles, 14 de marzo de 2007

El pantano del humanismo.

El Dr. Josh Mcdowell y Bob Hostetler en su libro “No dejes tu cerebro en la puerta”, escribieron: “La historia ilustra adecuadamente que, con todo el proceso tecnológico, la raza humana no se vuelve más benévola y buena. La humanidad no se encuentra en perfecta paz ni ha eliminado la guerra. El hombre no está resolviendo bien sus problemas por si mismo. Las evidencias de este siglo (dos guerras mundiales, Hitler, Stalin, la proliferación de armas nucleares, refugiados de guerra y rehenes, hambre y opresión) indican que la esperanza puesta sólo en la humanidad es una esperanza fuera de lugar. Por supuesto que debemos luchar por eliminar la guerra y el hambre, y debemos luchar contra las enfermedades y la injusticia. Pero la humanidad no se puede salvar a sí misma. La Biblia dice: “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).”.
Actualmente se cree que la humanidad únicamente puede mejorar su estado social por medios humanísticos. Se cree esto porque muchos argumentan que las religiones han edificado muros entre los hombres. A todo esto se debe el arduo esfuerzo de los tercos seres humanos de toda la faz de la tierra por querer excluir a Dios de todos sus planes humanísticamente seculares. Así pues, yo me pregunto: ¿El verdadero éxito de la humanidad se encuentra en el hombre o en Dios? Mi respuesta cristiana es: el verdadero éxito se encuentra en Dios. Dios es el único que puede librarnos de nuestros pecados. Dios es el único que puede librarnos de la perdición. El siglo XX fue un siglo orgulloso y el siglo XXI lo sigue siendo. Los seres humanos creen que han hallado la divinización humana. Esto constituye una pretensión arrogante por parte de la humanidad. La humanidad se vive vanagloriando. La humanidad se cree omnipotente, pues tiene a su disposición la tecnología, la realidad virtual, las computadoras, las naves espaciales, los satélites y un sin fin de juguetes modernos… etc. Pero ciertamente la humanidad va camino a la perdición, porque excluye a Dios de sus planes y por ende, excluye la vida, porque Dios es vida.
El humanismo moderno ha conducido a la humanidad entera a la angustia y el desasosiego. Empero el hombre a conquistado el intelecto, pero se ha transformado en su esclavo de un modo radical. Por eso la humanidad vive bajo el signo del espanto y la infelicidad. Por eso las naciones chocan beligerantemente unas con otras. Hoy día en el mundo no hay paz. No hay esperanza. Se dice que la esperanza es lo último que se pierde, pero parece que ya nadie alberga esperanza en su corazón. Cuando veo los rostros flácidos y tristes y los ojos ofuscados por las lagrimas, me digo a mí mismo: “Estos son tiempos de mucho sufrimiento. La gente se ha alejado de Dios”. No hay alegría ni gozo. Es más, hay ojos que se han cansado de llorar y ya no producen más lágrimas. Parece que las almas están secas. Podemos decir, sin ser alarmistas ni apocalípticos, que hoy reina el dolor, el miedo, la angustia, la desesperación y la muerte. Conjuntamente con los alucinantes progresos de la ciencia y la tecnología y la técnica moderna ,aplicable a la actividad industrial y a la vida civil, han venido los grandes progresos e inventos de los hombres respecto al orden bélico, armas de tiro automático, bombas incendiarias y explosivas de gran tamaño, aviones sofisticadamente supersónicos, gigantescos misiles teledirigidos, el radas con sus múltiples aplicaciones, la Internet y los satélites espías que exceden la frontera del actual entendimiento humano.
Todos estos ingenios modernos que he nombrado específicamente han provocado en la humanidad un desenlace funesto, sembrando la muerte y la destrucción en toda la faz de la tierra. ¿A que se debe todo este programa triste de la humanidad actual? Todo debe a que los seres humanos viven pensando e ideando modos de alejarse del creador en vez de estar en armonía con su diseñador. Los hombres utilizan su ingenio para buscar maneras de divinizarse sin la ayuda de Dios. En este momento es adecuado recordar lo que escribió el salmista en el salmo 1: “Bienaventurado en varón que no anduvo en consejo de malos, ni anduvo en camino de pecadores, ni en silla de encarne cederos se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no caerá; y todo lo que hace prosperará. No así los malos, que son como el tamo que arrebata el viento. Por tanto, no se levantaran los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce al camino de los justos; más la senda de los malos perecerá”.

Julio C. Cháves.
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