miércoles, 14 de marzo de 2007

Controlemos el nerviosismo.

El nerviosismo es un producto típico de la Tecno-sociedad en que vivimos; y es además, uno de los detonantes más significativos de los desencuentros en las relaciones humanas. El nerviosismo es la enfermedad más transgresora del tercer milenio. Cuando hablo de nerviosismo me refiero a una súper-producción de energías neuroeléctricas, obviamente en estado de descontrol. El problema no radica en la excesiva carga nerviosa, sino en el conflicto de falta de control. Porque si las cargas energéticas estuvieran debidamente controladas y canalizadas, una sobrecarga de energía nerviosa podría enriquecer ricamente una personalidad. Así pues, las cargas energéticas mal canalizadas y controladas, producen descontrol emocional, lo cual, produce a su vez tensión en las relaciones interpersonales e intrapresonales.
Ahora bien, ¿Cuál es el detonante principal del nerviosismo colectivo que nos agobia? El detonante es la mecanización de las masas. Es el gran torrente de información negativa con que nos colma las conciencias los medios de comunicación. Las imágenes de la pantalla de luz están en constante movimiento. Eso produce que nuestros ojos se vean asediados por la velocidad que exaspera nuestros sentidos. Todos buscan nuestro bien. Los publicistas nos inundan de mensajes sobre como podemos conseguir de modo rápido lo que deseemos. Todo esto produce que las masas sucumban ante el nerviosismo. Las miradas se chocan con agresividad. Los ojos omiten lagrimas innecesarias.
Muchos especialistas dicen que en tiempos de crisis e bueno llorar porque es catártico. Pero ciertamente, llorar con bronca y nerviosismo no es bueno para nadie. Cuando los ojos lloran, pero no llora el corazón, no es bueno llorar. Porque, ¿de qué sirve si lloran nuestros ojos si nuestro corazón sigue en la misma condición? Ciertamente no sirve de nada. A las enfermedades del alma no podemos curarlas con lágrimas. Lo que necesitamos es controlar el corazón, el nerviosismo. Necesitamos controlar y canalizar, de modo adecuado, las emociones. Así pues, ¿Cuál es la solución a esta fiera incontrolable que es el nerviosismo? La solución es leer la Biblia y ponerla en práctica, para que de ese modo, podamos sacar provecho de nuestras elecciones de vida. Charles H. Spurgeon escribió: “Es una bendición alimentarse de la Biblia hasta alcanzar su misma alma; llegando, por último, a hablar en lenguaje escritural y a tener el espíritu sazonado con las palabras del Señor, hasta el punto de que la sangre de uno es “Bíblica” y la misma esencia de la Biblia fluye de su ser”. Las sagradas escrituras es lo que nos ayuda a controlar y canalizar, de un modo coherente, las cargas de energía interior. La Biblia nos ayuda a controlar nuestros sentidos. Es la palabra de Dios lo que nos libera del desequilibrio emocional que agobia a las masas.
Actualmente, las masas, sucumben ante las preocupaciones, las congojas, quejas, pensamientos impuros, enojo, criticas, emociones desestabilizadoras, miedo, aflicciones, contenciones, impaciencia, orgullo, frustraciones, herejías, engreimiento, celos, etc. Pero en verdad que esto no le pasas a todos los miembros de la sociedad, ya que hay quienes tienen sus mentes entrenadas en la palabra de Dios y por causa de una mentalidad “Bíblica” sacan provecho de la vida de un modo diferente y interpretan la realidad a la luz de la palabra de Dios. Tener las mentes nutridas por la palabra de Dios nos permite sobreponernos a las cosas más crudas de la vida. Ya, llegando al final de esta reflexión, me agradaría que pensáramos juntos por un momento más. Creo que debemos lidiar contra el nerviosismo con la ayuda de la palabra de Dios. Controlar el nerviosismo, llenando nuestras mentes con principios cristianos sólidos, esto nos permite desligarnos de sentimientos negativos que conducen a la envidia, a la bronca, a los celos, a los antagonismos, a la ambivalencia, al descontrol emocional, etc. Es época de apoyarnos en los sólidos valores cristianos, que son: la solidaridad, el amor comprometido, la empatía, el altruismo y el prójimo centrismo. No confundamos lo urgente con lo importante. No confundamos lo que importa con lo que no importa. Charles R. Swindoll en su libro “Afirme sus valores”, expresó: “Los principios y preceptos de la escritura llegan donde no puede acceder ningún bisturí de cirujano: al alma, al espíritu, a los pensamientos, a las actitudes, a las misma esencia de nuestro ser. Y Dios utiliza sus verdades para ayudar a moldearnos, a limpiarnos, y a madurarnos en nuestro trato con él. Hagamos el propósito de no permitir que la tiranía de lo urgente nos robe esos mementos tan importantes con Dios en su palabra. Lo primero y principal, es que llegamos a ser personas comprometidas a fondo con una forma de pensar y de actuar bíblica”.

Julio C. Cháves.
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